Comentarios de libros

Tuesday, February 20, 2007

El libro de la risa y el olvido / Milan Kundera

Leí esta novela hace años y guardaba un lejano buen recuerdo. Buscando las opiniones que sobre el concepto de nación tiene Kundera volví a leerla. No he encontrado lo que buscaba, pero me he vuelto a entusiasmar con este autor que tenía dejado de lado, y voy a continuar con sus otros libros.
Emocionante lectura, y debo decir que el adjetivo tiene un significado íntimo, pues me ha emocionado muy íntimamente. Me temo que este comentario me va a salir ñoño porque estoy bajo el influjo de la reciente lectura. Tan reciente que aún estoy observando el santo de la cubierta: una vulva femenina con sus labios, su clítoris, su punto. Se me ocurre que es la risa de la vulva, un coño riendose a ojete batiente. Parece como si quisiera decir que es un premio de La Sonrisa Vertical, y no, nada de eso.
Me gusta encontrar al autor en los libros, en las novelas, me gusta que me hablen, que me cuenten aventuras también, pero sobre todo que me cuenten su aventura, la de su vida, aunque no su vida. Estan bien las novelas de acción, de aventuras, las leo y me gustan, pero dificilmente consiguen que piense en volver a leerlas. Esas novelas pierden el encanto en cuanto sabes qué va a pasar y conoces el desenlace. No tienen nada más qué decirte.
Otras novelas, como ésta de Kundera, guardan en cada rincón una opinión sorprendente, una idea que te choca y te revuelve, a la vez que te lleva a indagar en cómo aplicar y modificar esas ideas según tu propio mundo y tu propia experiencia.
El libro de la risa y el olvido indaga en ese estado social de los humanos cuando nos unimos en santa armonía, en comunión que dirían los católicos, y como si fueramos niños jugando al corro todos a una, sin permitir la desidencia, al extraño, la salida. Pensando que eso es la felicidad: todos juntos, todos iguales, todos en armonía. El libro reivindica la frontera, salirse del corro, mirar al corro y sentir que una risa loca sube desde lo más profundo y no es posible contenerse. Ser un diablo, un desidente, un apestado también.

Kundera dice que el personaje de la novela es Tamina, pero ella no aparece hasta la página 119. Es complicada la arquitectura de esta novela, tanto que no soy capaz de descubrirla. Vamos a ver. Tiene una primera parte que titula "Las cartas perdidas", consta de diecinueve capítulos muy cortos y cuenta sobre todo la invasión de Bohemia por los rusos, y las consecuencias que esto trajo en unos personajes: alguno fue borrado de las fotografías oficiales, otros, menos importantes, fueron marginados, debido al miedo a la persecución política, por sus propios compañeros. El protagonista de esta parte es Mirek, un perseguido político que ve como a su alrededor le van haciendo el vacío, unos por miedo, otros por connivencia con el poder, cualquier poder. Mirek busca unas cartas que escribió a una novia muy fea y tonta, porque no quiere que nadie sepa que una vez estuvo enamora de una mujer así, que una vez fue tan poco confiado en sí mismo que pensó que sería incapaz de despertar el interés de ningua otra mujer. No quiere dejar ese recuerdo de su vida. La policía sigue sus pasos descaradamente y a él solo le preocupan esas cartas.
La segunda parte se titula "Mamá". Mamá es la suegra de Marketa, una joven casada que cumple un papel distinto al que le podría haber tocado en esta vida: el de sufridora por las infidelidades de su marido. La suegra viene a visitarles coincidiendo con la amante que se ha introducido en la pareja para su disfrute sexual. Conseguir que la suegra se vaya a la cama y quedarse solos los tres costará un rato largo. La vuelta sorpresiva cuando la creian durmiendo será más difícil, y divertida, de sortear.
La tercera es la culminación de las dos partes anteriores. En éstas los personajes desean alegoricamente jugar al corro, estar en el corro, con todos, alegres, sentirse unidos. En esta tercera parte, y aunque sea por puro error, los personajes consiguen jugar al corro, y volar juntos hasta el infinito y más allá, son los buenos, los que no rompen nunca un plato, pero tampoco entienden nada. Son los ángeles, es como se titula el capítulo. Dos estudiantes americanas en Praga, Gabriela y Micaela, esforzándose en comprender cuál es el efecto cómico que Ionesco crea en El rinoceronte, provocan la risa de su profesora y de toda la clase.

Así se llega a Tamina, y vuelve a titular el capítulo "Las cartas perdidas". Estas cartas son diferentes de las anteriores, porque Tamina no las quiere recuperar para que nadie sepa, crear un olvido, sino para recordar con precisión el pasado, recuperar lo olvidado. La protagonista ya no vive en Praga, ésta es la ciudad del recuerdo, la que quiere recuperar sin volver a ella para no encontrarse con quienes dieron la espalda al marido perseguido por la policía política. Todos los movimientos de Tasmina se dirigen a aquellos que pueden viajar a Praga y traer las cartas guardadas en casa de la suegra hasta su pobre exilio. Hasta que pierde la esperanza de que alguien vaya a Praga.
Titula "Litost" a la quinta parte, y a mi me parece que no tiene mucho que ver con el resto del libro. El litost dice Kundera que es una palabra exclusivamente checa. Lo define como "un estado de padecimiento producido por la visión de la propia miseria puesta repentinamente en evidencia" (pág. 177) La litost es una característica de la edad de la inexperiencia, una de las formas de la juventud. Y por eso el protagonista de esta historia es un estudiante del que está enamorado una carnicera entrada en carnes, que lo adora. El amor de la carnicera redime al joven inexperto. Sólo los que no encuentran el amor siguen perdidos en el padecimiento del litost.
En la sexta parte vuelve a recuperar otro título: "Los ángeles", como el tercero que era culminación de los dos primeros. En este caso no hay culminación. Porque los ángels que cantan en el corro son los niños que catan para el jerifalte mandamás de Praga, la ciudad sin memoria. La ciudad que ha olvidado su lengua, su cultura, sus esencias; mientras el autor recuerda los últimos años de la vida de su padre, que también fue olvidando las palabras hasta que ningún pensamiento pudo comunicar. Se entremezcla con la historia de Tamina que desaparece de la pequeña ciudad en la que está refugiada y va a parar a la isla de los niños, donde no viven más que niños con los que sólo se puede jugar, y de donde no se puede huir. La huida significa la muerte social y física.
En la séptima y última parte, Jan, un intelectual que está preparando su marcha de Praga hacia el exilio americano, se va despidiendo cautamente de sus amigos, de su ciudad. Jan se siente en la frontera del corro de juego, pero no padece litots, porque es risa lo que le produce ver la organización y marcha del corro. Se libera del corro.

Ahora si que me parece clara la arquitectura de la novela. Empieza hablando del que ha sido expulsado del corro, la marginación y la persecución, y el olvido primero obligado y luego un olvido querido, sigue analizando el recuperar el olvido involuntario, la pena del olvido involuntario producto de la lejanía, y acaba con la frontera, la decisión de marchar, alejarse del corro. Tal vez morir, tal el olvido, el precio a pagar.